Difusión

Editorial Diario Austral de Valdivia

Etiquetado de productos lácteos

Avanza la nueva legislación que buscar generar un rotulado más específico para la leche y los alimentos derivados de ella. La norma es positiva y resulta clave que la norma incluya recursos y definiciones para la adecuada fiscalización de su cumplimiento.


Nuevas normas sobre el etiquetado de la leche y los productos lácteos comenzarán a regir en el país, una vez que sea promulgada la nueva ley sobre este tema, la cual fue aprobada por la comisión mixta de senadores y diputados que sesionó en Osorno la semana pasada, dejando el texto listo para su última tramitación.

Tras dos años de proceso legislativo, esta propuesta zanja la polémica respecto de la denominación “leche”, dejando fuera de ese ámbito a todos los productos vegetales que se señalaban erróneamente con ese nombre (leche de soya, de arroz, de almendra, de coco, etc.), además de establecer reglas para indicar el origen y la composición.

De ese modo cada etiqueta deberá informar sobre el país donde fue la ordeña del lácteo, incorporando la imagen de la bandera correspondiente; como también especificar en el rotulado si se trata de leche natural (pasteurizada y que se mantiene permanentemente en estado líquido), o reconstituida (mezcla de lácteo en polvo con agua potable), o recombinada (leche descremada, grasa de leche y agua potable). En estos últimos casos, la palabra “natural” solamente podrá ser usada por la primera categoría y no por las otras dos.

El objetivo de hacer estas diferencias en las etiquetas es informar mejor a los consumidores, ofreciéndoles datos sobre las características y trazabilidad del alimento que están comprando, además de evitar confusiones respecto de los verdaderos valores nutricionales de los productos. Desde esa perspectiva, se trata de una iniciativa favorable y que permitirá también a la comunidad valorar aquellas marcas que ofrecen alternativas de mejor calidad. Sin embargo, sería interesante que junto con la obligatoriedad del etiquetado, se desarrollaran campañas educativas que orientaran a la población sobre la relevancia de incluir lácteos en las dietas, cómo elegirlos y, de paso, ayudar a derribar mitos que desincentivan el consumo de ellos, sin un asidero científico claro.

Por otra parte, resulta clave que la norma incluya recursos y definiciones para la adecuada fiscalización de su cumplimiento. Si no es así, se correría el riesgo de que una iniciativa positiva y de buena intención, solamente quedara en el papel.

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