Difusión

Rol (des) motivador del Estado

A pesar de la buena disposición de la máxima autoridad regional al respecto, en la práctica esta situación ha empeorado.


Por Bruno Rubilar Gómez, presidente Aproval Leche A.G.

En enero pasado, durante la inauguración de nuestra Casa de la Leche, planteamos al señor Intendente, César Asenjo, la siguiente reflexión: Creemos que las mayores amenazas para los productores de leche nacionales no son necesariamente las importaciones de productos lácteos o la escasa competencia en el sector, sino que medidas administrativas surgidas desde el propio Estado, con dudoso criterio técnico-científico, pero que agobian en el día a día a nuestros productores de leche y sus colaboradores, como viene ocurriendo hace más de un año con la Alerta Sanitaria por Fiebre Q”.

A pesar de la buena disposición de la máxima autoridad regional al respecto, en la práctica esta situación ha empeorado.

Como lo hemos planteado, nuestro ánimo no es actuar de manera irresponsable ni mucho menos poner en riesgo la salud de nuestros trabajadores, pero creemos que frente a esta situación específica de la Fiebre Q, la evidencia está demostrando que la sobre-reacción de la autoridad sanitaria está incubando peligrosamente un sentimiento de desánimo y desincentivo en muchos productores de leche que, lejos de ver desde el Estado señales de apoyo a la competitividad y la productividad, lo vemos más preocupado de imponer cargas administrativas que solo dificultan y entorpecen el emprendimiento y nos ponen en absoluta desventaja frente a nuestros competidores.

Peor aún, cuando proponemos medidas razonables para enfrentar en conjunto este problema, la autoridad sanitaria ni siquiera nos responde. En julio de 2018 junto a gremios de Los Lagos propusimos una modificación del protocolo de fiscalización basado en argumentos técnicos que hasta la fecha no ha sido respondido.

En la búsqueda de ver cómo otros países conviven con esta enfermedad de carácter endémico, hace casi un año sugerimos evaluar la posibilidad de vacunar a nuestros trabajadores, tal como lo hacen otros países. Tampoco hemos tenido respuesta.

De lo que hemos podido averiguar, somos el único país del mundo que ha tomado este camino para convivir con esta enfermedad.

Mientras, vemos casi como una broma de mal gusto que desde el Ministerio de Economía se proponga una “Guía para una buena regulación” con el objetivo de “evitar cargas regulatorias superpuestas y/o contradictorias, velar por la armonización y coherencia con estándares y acuerdos internacionales, revisión periódica de las normativas para probar su continua relevancia e identificar regulaciones costosas y obsoletas que puedan ser modificadas o derogadas”

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