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Entrevista Infortambo

"Es un modelo de negocio, no un modo de vida"

Visitamos a Matías Schälchli en su campo Santa Georgina, ubicado en La Araucanía. Allí ha consolidado una lechería que produjo 2.650.000 litros en el 2018 con 370 V.O. Traspaso generacional y su visión de la gestión de la empresa lechera.


Para nuestra revista y el equipo, mostrar nuevas generaciones de productores, y nunca olvidar la trayectoria y experiencia, es una de las banderas que nos gusta ondear. El recambio, entendido como apuesta, como la llegada de personas entusiastas y con miradas nuevas, es digno de ser reconocido y compartido. Hoy la historia corresponde a un ganadero, que lleva 4 años exactos como productor lechero, donde tuvo que aprender, literalmente, de todo partiendo desde lo básico. Al visitar el campo, su convicción y el rumbo que le dio, se ve motivación y ganas de crecer en el rubro. Max Schälchli le dio una oportunidad y Matías la tomó. Hoy Santa Georgina es un campo de La Araucanía que se ha diversificado, con la lechería como uno de los rubros protagónicos. Con un excelente equipo humano y una visión clara del negocio lechero y agrícola, tomó la decisión de hacerse cargo.

Un poco de historia

Para hacer un poco de historia, este ingeniero comercial transformado en empresario lechero nos cuenta que su padre es traiguenino y llegó a Freire a los 20 años. Santa Georgina hace unos 60 años era un bosque, una selva impenetrable, donde hubo que drenar, limpiar e ir habilitando poco a poco. Se sembraba la parte norte y la parte sur se destinaba al ganado. En el sector Rucahue camino a Boroa se escribió la historia. Era un predio grande de 1.150 hectáreas, que posteriormente se dividieron los hermanos Schälchli, con lo cual se transformó en una unidad de 637 hectáreas. Hoy está orientado a producción de leche, frutales y hortalizas.

Max Schälchli habilitó un campo que hoy se ve limpio y ordenado, pero que costó años transformarlo a lo que es actualmente. A eso se agrega que no es un campo fácil de trabajar, con un suelo con mucho potencial agrícola, pero un suelo con propiedades físicas muy desafiantes, sobre todo durante invierno, donde se anega con facilidad. “En contraposición, al ser un campo más húmedo, es muy “pastoso” en primavera verano lo cual es muy ventajoso para la ganadería. Mi padre hizo un tranque que trae las aguas de desagüe de otros campos vecinos y también del canal Allipén. Con esta obra obtenemos agua para el riego de los avellanos y de los cultivos”. Al armar Santa Georgina como predio agrícola en los años ’50, Don Max, al egresar de la Adolfo Matthei (1957), desarrolló desde joven su tarea.

En ganadería, siempre fue productor de Clavel, con una lechería que comenzó en los ’70, pero era mucho más agricultor. Al dividir, decidió quedarse con la parte del campo, que incluía el tranque y los galpones, pero que era muy complicada en lo agronómico. Puso el acelerador en la ganadería, tras varias complicaciones en los cultivos, que finalmente lo hicieron decidir por fortalecer este rubro. Como lechería, partió con unas 60 vacas en ordeña, en la década del 80 hubo una consolidación, con 360 vacas en ordeña. Esto, hasta que Don Max decidió reducir la lechería y se quedó con la mitad, que se mantuvo en esa condición por casi 15 años, trabajando en menor escala y sin invertir mucho, ya que decidió focalizarse en otras áreas.

Momento de cambio

2014 fue el año donde cambia la historia. Matías se crió fuera del campo, con muy poco contacto con éste y de hecho, estudió ingeniería comercial y estaba trabajando en otra cosa, pero la invitación de su padre no le dio espacio a dudas. “Cuando uno escucha del campo, escucha que es complicado, fome, no rentable, al final, escuchas puros problemas”, cuenta. “Me vine para acá para aprender, me llamaba la atención que hubiera un capital grande, que no rentara nada. Luego viendo bien, no era eso, eran pérdidas”, cuenta. Aprendió mucho del administrador que había en ese momento, quien se retiró al poco tiempo. Llaves del campo en la mano, Matías se enfrentó a tomar el campo y a hacerlo rentable. Le gustó la idea, aunque fueron por lo menos 2 años de prueba-ensayo y error. En 2014, el campo tenía 180 vacas aproximadamente, con pérdidas económicas en la lechería y 55 hectáreas de avellano que estaban por comenzar a producir.

En ambas áreas comenzó a introducirse. De a poco, vio temas por mejorar. El equipo de personas del campo era muy bueno, reconoce. Le preocupaba que su padre subvencionaba al campo desde otros negocios, pero cuando le traspasó la administración le dijo que no ponía un peso más en Santa Georgina. “Pese a que no habían ganancias, había pocas deudas, más de operación que de otra cosa y, al analizar las proyecciones, no se veían muy alentadoras” Aquí comienza a escribirse la nueva historia, con la incorporación de un subadministrador. “Si bien lo conocía por otras situaciones, al enterarme era técnico agrícola, pero sin tanta experiencia en el rubro, pero con muchas ganas y posibilidades de aprender, me llamó la atención el perfil, hasta que lo invitamos a unirse al equipo del campo”. Así llegó Alex Fonseca a Santa Georgina. “Hoy es mi mano derecha”.

Como ingeniero comercial y poco conectado con el campo, dedicó tiempo a su propia capacitación, su amigo Thomas Krause, quien es productor de leche en Osorno, lo recibía constantemente para aportar de su experiencia. Junto a esto, el hermano de Matías, Lars, quien es agricultor-sembrador, también lo apoyaba en resolver algunas inquietudes. Hoy agradece esa inducción y tiempo que sembraron en él entusiasmo y motivación.

Junto a eso, fue invitado a participar en el GTT Frontera, en el cual es el único productor lechero entre agricultores. “Eso es positivo y me ayuda a formarme como empresario agrícola y a compartir con otros productores”.

El desafío de ser empresario lechero lo tomó con todo. “Recibí esta lechería y el campo está disponible a cualquier otro rubro. Los avellanos europeos me gustan harto, podemos crecer todavía. Fue de los primeros campos en establecerlos, producimos desde el 2009 y nuestra cosecha la compra Agrichile. La cosecha es completamente automatizada, con 3 personas, que es el mismo personal del campo”. Se cosecha a fines de marzo, al quedar listos después del maíz.

Traccionar desde la reproducción

La llegada del médico veterinario Alexis Gutiérrez fue una contribución que reconoce como un aporte en el cambio de rumbo de la lechería. “Alexis puso énfasis en la reproducción, y en temas importantes como carga animal, y capacitación y formación del equipo de trabajo. Uno de los problemas eran las lactancias largas y las lactancias promedio. Cuando entré, las lactancias promedio eran de 5.600 litros por vaca y hoy estamos en 7.980 por vaca. Hace 3 años empezamos a inseminar con Holstein negro y hoy estamos con un 50% de la selección con Holstein europeo. Usamos genética con Cooprinsem y ahora estamos con Alta Genetics”, explica.

Al tomar el campo, uno de los primeros temas en carpeta fue mejorar fertilidad de suelos. La fertilidad promedio era de 8 ppm de fósforo y hoy es de 16 ppm de fósforo. “Esto ha sido poco a poco, porque el plan es de largo plazo, no endeudarse y tomar créditos y meterle altas cantidades de fertilizante. Aquí vamos piano-piano, con lo que vas teniendo, armas presupuesto e invertir ordenadamente e identificar las prioridades. Eso es difícil. Son muchas variables a manejar y cuando partes con pocos recursos tienes que identificar muy bien con qué prioridad tienes que empezar. Estas fueron fertilidad de suelos, reproducción y producción de las vacas”.

Esa es la etapa en la que está actual- mente, con una visión de 15 años plazo. Hoy ya se ha ido recorriendo parte importante del camino.

La foto actual

Hoy poseen 430 vacas masa, con mezclas de Red Holstein (las más antiguas), Holstein Negro de selección europea. “No buscamos lactancias muy grandes todavía, mi ideal es llegar a unos 8500 litros por lactancia, con una vaca funcional, que no sea tan grande, con un peso promedio de 550 kilos y tratar de manejar un rebaño eficiente y adaptado al clima y pastoreo.

Hoy 367 vacas en ordeña con lactancias de 7.950 litros promedio, con una relación 70:30 de partos, relación primavera otoño. En invierno se estabula lo que puede estabularse por capacidad de infraestructura y el resto del plantel se alimenta en potrero de sacrificio.

La tasa de preñez es de un 19% promedio, al ser estacional 70:30, hay meses que bajan esta tasa. Va apuntando a los sólidos, comenta, pero en su caso la pauta de pago que le da Nestlé apunta más a los litros. Hoy el promedio de sólidos es de 4.14 en grasa y 3.48 en proteína.

En 2017 produjeron 2.350.000 litros/año, mientras que en 2018 fueron 2.650.000 litros/año.
No es fácil avanzar en calidad de leche, ya que el invierno es muy complicado. Hoy se asesoran con el Dr. Enzo Capurro (Prevenzia) quien está apoyándolos desde hace 6 meses y se ha notado un muy buen avance en recuento de células somáticas.

Alimentación

El concentrado se entrega en la sala de ordeña a través de un equipo Chore- Time, donde comen 5 a 6 kilos diarios, tanto peletizado, maíz y afrecho de raps. Recientemente integraron orujo de cebada con 6 kilos diarios, decisión que ha ido muy positiva, explica.

El resto de la ración la compone el pastoreo de praderas, que son regadas por riego por tendido. Usan el Canal Allipén que les aporta riego por gravedad. Los veranos son buenos, dice, además que hace 3 años comenzaron a incluir brássicas. Hoy usa nabos, raps y coles para el verano, que se pastorean desde el 15 de enero hasta fines de abril. En este caso, usa variedades Anasac. “La idea es tener este apoyo a la pradera en verano, más el orujo de cebada”. Siembra 48 hectáreas de maíz para ensilaje, que cosecha a fines de marzo, para poder sembrar rápidamente otras especies. Usa variedades Pioneer y CIS. En invierno, usa ensilaje de maíz, ensilaje de praderas y no más de 6 kilos de concentrado más algo de pastoreo cuando se puede.

Como productor, comenta que este sis- tema se fue armando poco a poco, con mucha estrategia y con la consigna de ir “ahorrando y sabiendo invertir”. “Manejar bien los costos y ahorrar cuando se tiene excedentes, comprando bien. Trabajamos al contado, cero crédito”.

Diversificado y enfocado a la vez

13 personas conforman el grupo completo del campo. Se reconoce muy motivado y cuenta que otra área productiva donde puso fichas estuvo en las hortalizas, que incluyen maíz dulce y pensar en coles y zanahorias, para crecer y aprovechar la cercanía a Temuco, el riego y la excelente primavera, ya que el invierno es complicado. “Son de alta rentabilidad, más que la lechería. La lechería está, la recibí y es un desafío grande. Me gusta poder sacarle números azules (a la lechería) y es importante no cambiar de rubros drásticamente, sí diversificarlos. Santa Georgina va camino a estabular en el largo plazo, llegar a unas 600 vacas en ordeña promedio al año. Ese es el horizonte. El resto del predio continuaría hacia avellanos y hortalizas. “Con esas 3 “patas” podría funcionar. Perfeccionar lo que se hace y en la lechería, nos gustaría crecer con eficiencia”. Por ejemplo, prefiere usar variedades de ballica de 2-3 años de duración, apuntando a producción por hectárea. Son cambios que han ido integrando, como también siguen drenando y canalizando para seguir habilitando. Se avanza en la medida que se puede.

Su padre lo ha apoyado mucho y está contento con lo que se ha logrado. “Me apoya en las decisiones y lo importante es demostrar con números lo que se está haciendo”, cuenta.

La opción que tomó por el campo y la lechería lo tiene satisfecho. Si tuviera que compartir un resumen de las ventajas a sus antiguos compañeros de curso de ingeniería comercial, lo resumiría en que se trata de un desafío al aire libre, mucho más demandante que otros trabajos, pero sin estar encerrado en oficina. “Hoy mi foco es que esta empresa genere buena rentabilidad”.

Traspaso generacional

Matías reconoce que tuvo una oportunidad y un desafío al venirse al campo. Y que hoy no es fácil que los padres entreguen a los hijos esta posibilidad. Por eso, su mensaje es que los padres deben hacer partícipes a los hijos y les den la oportunidad. “Tienen que hacerlos partícipes, abrirse a otras visiones, no necesariamente agrícolas, pero que puedan tomar decisiones, dejarlos ser. Cuando eso no ocurre, van apagando el interés por el campo. Por eso tienen que darles la libertad para que expresen sus nuevos conocimientos. Esa es una oportunidad. Valoro que aquí mi viejo me dejó ser y me dejó tomar las riendas. Eso es algo importante y quizá por eso hoy los jóvenes se van a la ciudad porque ven que en el campo no pueden hacer mucho. El mensaje es dejar ser”.

Hoy la lechería lo motiva. Y discrepa con que la lechería es un modo de vida. “No es un modo de vida, es un negocio. El campo tiene un valor. En esta región la presión de la rentabilidad de otros cultivos hace que la lechería sea un negocio no tan rentable. Pero, la clave es manejar bien, tener buen nivel administrativo, buen nivel productivo, buen equipo de trabajo. Ahí está la clave. Es un negocio más estable y puede rentar menos, pero es estable”. La rentabilidad hay que verla en ciclos, requiere orden financiero, al recibir pagos mensuales, requiere orden. “Me gusta el tema de la leche, no me cambiaría a otros rubros, con este sistema de 3 patas se hace muy interesante”.

Buena sinergia

Para el médico veterinario del laboratorio Boehringer Ingelheim, Alfredo Berndt, quien nos acompañó en la visita, reconoce el desarrollo y especialización que ha logrado Matías Schälchli en este predio de La Araucanía. “Es interesante lo que se ha logrado, con los mismos elementos con que los conocí, cambió la cara del campo. Valoramos la historia de vida, la constancia y que, con conocimientos básicos, haya desarrollado rápidamente una especialización en la lechería. Reconozco la experiencia y el apoyo entregado por el Dr. Alexis Gutiérrez, quien ha contribuido mucho. Como laboratorio, vemos que han tenido una excelente asesoría profesional y eso se ha visto en los resultados. El Dr. Gutiérrez está usando productos de nuestro laboratorio, nuestras tecnologías han dado muy buenos resultados en parásitos internos y externos, como la mosca del cuerno, donde la recomendación profesional se ha notado. Ponemos la tecnología a disposición del productor y el asesor, no todos los productos funcionan igual en los campos, por lo cual la recomendación que se hace ha sido la correcta”. Para Matías Schälchli, la experiencia ha sido muy positiva al usar estos productos, donde los resultados han sido muy buenos, sobre todo en calidad de leche, al usar las recomendaciones hechas por el Dr. Capurro, quien los asesora en este tema.