Difusión

Alimentos: piezas sueltas de un negocio global

BERLÍN.- Nuestros productores agropecuarios piden a Europa que permita
un mayor ingreso de carne, granos, aceite y de biodiésel. Europa exige a cambio que el Mercosur abra su mercado automotor. Las automotrices
piden protección, mientras que los agricultores europeos temen la
competencia y reclaman más límites y subsidios. Es un conflicto de
manual. La Unión Europea y el Mercosur llevan 19 años negociando un
acuerdo comercial y siempre los alimentos son el centro del problema.
Volvieron a serlo en las negociaciones de la semana pasada en Bruselas.
Las piezas en juego son tantas que parece un rompecabezas sin solución.
¿Nada nuevo?


Los bienes en juego van desde porotos de soja hasta tecnología de
avanzada e inteligencia artificial. En el caso de los alimentos, el
proteccionismo parece ayudar a Sudamérica en una primera etapa, al
aumentar su posible participación en el mercado asiático, vendiéndole lo que ya no compraran en Estados Unidos. Pero por otro lado, la
incertidumbre y la dependencia de menos clientes retrasa las inversiones necesarias para aumentar la producción de alimentos y nos dejan aún más expuestos ante eventuales crisis.

El proteccionismo global ha generado un renovado interés en Europa
por reactivar las negociaciones con el Mercosur, básicamente porque no
le quedan muchas más opciones hacia donde ampliar sus mercados (acaba de firmar un acuerdo con México). Aunque hoy menos del 3% de lo que compra Europa proviene de la Argentina, Brasil, Paraguay y de Uruguay, nuestro mercado de más de 250 millones de habitantes se vuelve aún más tentador en un mundo que se cierra. Hay más novedades.

Ya no estamos ante un “rompecabezas” solo entre
industriales y productores primarios, también han entrado en juego los
ecologistas europeos. Y lo han hecho con una nueva agenda: el desmonte
en Sudamérica para expandir la frontera agrícola, el uso de
agroquímicos, el aumento de emisión de gases invernadero por la mayor
producción de carne, el bienestar animal y la demanda de productos
“bio”. Pero si bien estos temas afectan a los productores europeos
puertas adentro, a la hora de negociar con el Mercosur han encontrado en ellos un aliado hasta hace poco impensado.

En Alemania, en 2019 comienza la prohibición de castrar
cerdos sin anestesia y se anunció un plan para limitar el uso del
glifosato y para abandonarlo en el futuro. El riesgo es que estos temas
se instalen no solo en Europa, sino que se pretenda exigirlos también en nuestros países, lo que daría argumentos para nuevas barreras al
comercio de alimentos.

Estos nuevos elementos complican el rompecabezas de los
alimentos y el comercio mundial. Además de las tensiones entre la
seguridad alimentaria y el manejo de los recursos naturales; entre
agricultores, ganaderos, industriales y consumidores, ahora debemos
sumarle el proteccionismo y la agenda de los ecologistas. Las
oportunidades siguen, pero necesitamos cada vez respuestas más
inteligentes en todos los ámbitos para aprovecharlas.


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